El Yo fotográfico — 16.08.2015

Por Marcos Ros

Madrid, 2015
Madrid, 2015

Como si se tratase del primer recuerdo perdido de la infancia, recuerdo perfectamente cuándo disparé mi primera fotografía. Mi familia estaba de viaje en las islas Baleares y, en un descuido, arrebaté a mi padre su Yashica MG-1 y le disparé sin enfocar y sin encuadrar. Mi padre miraba a su derecha conversando con mi madre, yo al ser más pequeño tengo la cámara en una posición baja, pero, desgraciadamente, la foto salió desenfocada y le corté la cabeza. Un desastre. Sin embargo, hoy en día soy consciente del porqué de aquella foto, retratar a mis padres por el hecho de hacerlo, detener ese instante. Apropiármelo.

Desgraciadamente, esos tempranos impulsos se diluyeron. Imagino que me llevaría una reprimenda, mi madre me aleccionaría sobre el costo de la película, de la poca necesidad a la hora de disparar aquella fotografía. Puede ser que anulase mis primeras ansias a la hora de captar mi entorno. Imagino que lo consiguió en cierta forma y la Fotografía desapareció de mi vida como si nunca hubiese existido salvo las típicas fotografías ocasionales con amigos y familiares.

Pero hay algunas cosas que son inevitables. En 2009, el ascenso de un espejo de una cámara réflex de un amigo me animó a redescubrir un mundo olvidado. Durante muchos años me he estado preguntando porqué volví al principio, el porqué insistí en hacer fotografía desde entonces. No ha sido un camino sencillo puesto que la anulación se autoimponía.

La fotografía es uno de los actos más sencillos y aceptados socialmente. Un acto tan natural que apenas nadie se percata del mismo, se hacen por convención social, por pertenencia a un grupo, por una autosatisfacción personal, por un impulso vital, para recuperar un determinado momento… Sin embargo, nada de ello me definía, no era la razón por la que había vuelto a la fotografía, no era lo mío. No necesitaba exorcizar mis miedos a través de la fotografía, no necesitaba mostrar al mundo la belleza de sí mismo como si la cotidianidad lo hubiese anulado, la necesidad de que todo encaje de forma armoniosa, haciendo de cualquier cosa un momento único. No, no lo necesito, no es mi leit-motiv. Seguía dándole vueltas a aquello de qué soy cuando disparo, qué es lo que me impulsa en última instancia.

El Yo fotográfico es un viaje hacia uno mismo en el que se descubre la necesidad vital a la hora de encuadrar. Puede que esa necesidad no exista realmente. Sin embargo, en mi caso todo era bastante sencillo. Un mero acto de apropiación y de registro social/documental. Poder decir yo estuve allí y tú desconocido estuviste conmigo, en el mismo plano, en el mismo espacio, en el mismo tiempo. Puede que al final por mi torpeza no consiga fijar un momento digno de ser recordado, puede que la luz sea gris, puede que llueva, puede que simplemente el momento pasó y llegué tarde. Pero para mí fue suficiente el creer que yo estuve allí y tú estuviste conmigo.

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